Palabras del Consejero de Asuntos Culturales de la Embajada de Alemania, Dr. Christoph Dorschfeldt, con motivo del acto de conmemoración de la Noche de los Cristales Rotos
9 de noviembre de 2011, 20:00 hrs., iglesia “El Buen Pastor” Las Condes
Recordamos hoy la noche del 9 al 10 de noviembre de 1938, conocida como “Noche de los Cristales Rotos”, palabras que buscaban tergiversar los sucesos, ya que en esta noche no solamente se rompieron cristales, como la imagen “Noche de los Cristales rotos” nos quiere sugerir, sino se destruyeron vidas. En esta noche, los militantes nazis asesinaron a cientos de ciudadanos alemanes de confesión judía y quemaron miles de comercios de su propiedad y sinagogas.
Para los alemanes, el 9 de noviembre es de mucho peso histórico: como nación, festejamos un acto de liberación, ya que fue un 9 de noviembre en que cayó el muro que dividió Alemania. Y la misma fecha nos recuerda actos de odio y de violencia contra los ciudadanos judíos en Alemania.
Por supuesto: comparado con todo lo que iba a seguir, fue quizás sólo un indicio, una señal. Sin embargo, estos sucesos fueron un golpe tan fuerte en la cara para la humanidad, la civilización y la ética, que tenemos que seguir recordando esta fecha, contra el olvido.
Conmemorando aquel 9 de noviembre, tomamos conciencia de que la privación de los derechos de la población judía en Alemania comenzó con varios pasos. Antes del genocidio, tuvo lugar una destrucción mental de los fundamentos humanistas en la sociedad.
Una característica distintiva de este progrom fue que se incendiaron en toda Alemania las sinagogas. Así y de una manera muy consciente se rompió un tabú, se escenificó un sacrilegio. El fascismo nazi buscaba introducir un nuevo sistema de valores y, en este contexto, el desacato ante lo sagrado fue simbólico.
Una mirada hacia la ideología nacionalsocialista muestra que uno de sus objetivos principales era justamente eso: la redefinición de los valores judeo-cristianos. La ideología de la ley del más fuerte, que no tolera a quien no se somete a su poder, esta ideología buscaba, premeditadamente, la destrucción del fundamento ético, construido sobre el Decálogo y en particular sobre el mandamiento: ¡no matarás!. La arbitraria división en vidas valiosas y en vidas sin valor, todo justificado por el valor supremo de la “selección”, esta ideología se expresó también a través de las sinagogas en llamas.
En aquella noche , el Deán de la Catredral Sankt Hedwig (Santa Eduvigis) de Berlín Bernhard Lichtenberg, gritó desde su púlpito; ” Fuera, el Templo está en llamas, también este es casa de Diós”. Tras “La Noche de los Cristales Rotos”, Bernhard Lichtenberg iba a rezar en público por los judíos perseguidos. EN 1941, el sacerdote católico, en una carta dirigida al Jefe de Salud del Reich, protestó contra el programa de eutanasia. Fue detenido y mandado al campo de concentración donde encontró su muerte.
Son los principios éticos vividos por personas como Bernhard Lichtenberg o como los hermanos Scholl sobre los cuales se ha edificado nuestra constitución, la Ley Fundamental. Ya en su inicio destaca la dignidad humana, como el fundamento de todo actuar estatal.
Es también a partir de este legado, desde esta herencia, que las líneas directrices de la política exterior alemana hoy en día se definen a partir de los valores centrales de libertad, democracia y protección de los derechos humanos.
El pasado en una herencia que recibimos sin elegirla, pero el futuro es algo que podernos construir.
Por ello, recordemos hoy los hechos del 9 de noviembre de 1938 para no olvidar.
Muchas gracias
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