
Parasha Jayé Sará
Muerte y continuidad
En esta Parasha encontramos dos de los temas centrales de la vida del ser humano, como individuo y como especie.
La finitud y la trascendencia
Una generación da paso a otra, a veces en la historia, de una manera más conflictiva y otras como un proceso natural. Se da en el campo de la cultura, las empresas, las organizaciones, la política etc.
Zalman Schajter Shalomi escribió hace un tiempo un libro muy interesante llamado From Aging to Saging, que se puede traducir como, ir envejeciendo, e ir adquiriendo sabiduría.
Crecer no necesariamente quiere decir ser más sabio, aunque ese es el sentido que encontramos en la Tora al hablar de respetar a los que peinan canas, y cuando se habla de ancianos, se hace referencia a la adquisición de la sabiduría de la vida.
La forma más elevada de la sabiduría de vida, es cuando uno está dispuesto a transmitir lo que aprendió de otros, lo que, generalmente, se conoce como “mentorear”. Acompañar el crecimiento de otro, compartiéndolo. La finitud es un dato de la realidad, que hacemos con ese dato, es nuestro desafío.
Abraham, enfrenta la muerte de su amada Sara, y su propia finitud, y desde esa experiencia vital se ocupa del futuro de su hijo, de su descendencia.
Abraham no se conforma con que su hijo lo sobreviva físicamente, sino que su hijo pueda, a su vez, generar vida y que esa vida continué con su visión y su misión.
En esta Parasha vemos como una generación da espacio a otra en armonía y en paz. Abraham hizo su trabajo, entregó su herencia espiritual a Itzjak, ahora es el turno de Itzjak que tiene el desafío de transmitir la experiencia de su padre a la siguiente generación.
No es fácil ser el hijo de un creador, de un gigante como Abraham, y sólo por un instante será protagonista de la Tora. Aun así, Itzjak es un eslabón fundamental de nuestro pueblo, que conecta el comienzo con el futuro
Shabat Shalom,
Rab. Alejandro Bloch
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