
Parashat Vayishlaj
Los hermanos sean unidos es, dice una poesía fundamental de pensamiento argentino, Martin Fierro, de José Hernández, y más adelante concluye diciendo, si entre ellos se pelean, los devoran los de fuera.
Iakov se peleo con Esav, Esav se peleo con Iakov, como niños por un juguete nuevo, pero en verdad pelean porque los padres tomaron partido, la Tora dice Itzjak amaba a Esav, Rivka Amaba a Iakov.
Es natural que hermanos peleen, pero debe llegar un momento en la vida de reencuentro. Ya no más peleas por favoritismos, ya no más necesidad de reconocimiento de los padres, llega un momento que cara a cara deben reencontrarse y fundirse en un abrazo.
En esta parasha, Iakov que sufrió al irse, sufre al volver. ¿Qué pasa por su cabeza? Más de 20 años de exilio, separación de sus padres, engaños de su suegro. Ahora está dispuesto a enfrentar a su hermano, pero antes tiene que tomar un instante para sí. Divide a su familia en dos, por si su hermano sigue decidido a cumplir su promesa de matarlo, y por un instante se queda solo. Solo para pensar si lo que hizo fue correcto, solo para pensar que palabras usar para hablarle a su hermano, que ya casi es un extraño, solo para tomar fuerzas.
Iakov y Esav se encuentran. Esav lo invita a quedarse junto a él, rechaza los regalos que casi a modo de soborno Iakov le envía para aplacar su ira. Iakov no acepta la oferta, de quedarse, debe seguir. Los hermanos continúan su camino, como en la vida real, pero esta vez, ambos cerraron un ciclo, ya no hay más envidia, ya no hay más rencor, ahora cada uno puede dedicarse a su descendencia sin necesidad de anclarse en el pasado.
Shabat Shalom,
Rab. Alejandro Bloch
|